divendres, de març 10, 2006

Es querellen contra Aznar per ocultar uns informes del CNI sobre l'11-M

“El que el ex presidente declarase sin ningún pudor que se había quedado con los informes sobre el 11-M es sólo una minúscula parte de las irregularidades que se cometieron en la primera legislatura del Gobierno de Aznar”. Así de tajante se mostró para elplural.com el abogado, José Luis Mazón, autor de la querella presentada contra el actual presidente de la Fundación para el análisis y los estudios sociales (FAES) por un presunto delito de infidelidad en la custodia de documentos. Aznar aseguró en 2004 en una entrevista a una emisora colombiana que tenía en su poder los informes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) sobre los atentados de Atocha. El titular del Juzgado de Instrucción número 23 de Madrid, Julio de Diego López, ya ha abierto diligencias previas para esclarecer el caso.


Més a El Plural.

2 comentaris:

Anònim ha dit...

http://www.telemadrid.es/telemadrid/programa.pag?codigo=87

Que decís de todo esto???

B. Lucas i Olivé ha dit...

Notícia publicada avui a la Vanguardia, que desvincula Al Qaeda i ETA dels atemptats.

11-M DOS AÑOS DESPUES

El 11-M se ideó por completo en Madrid y sin una consigna directa de Al Qaeda
La tesis de la investigación es que nueve hombres colocaron las trece bombas en los trenes
El comando golpeó a España con pautas de la resistencia iraquí para debilitar a EE.UU.
El rastreo de ordenadores y de e-mails no detecta relación alguna con la cúpula terrorista

La trama del 11-M se preparó por completo en Madrid, por hombres radicados desde años atrás en España y sin una orden directa de la cúpula de Al Qaeda para perpetrarla, según la investigación, que no detecta rastro alguno de ETA. Los artefactos utilizados guardan gran similitud con los utilizados en Bali en el 2002.

Los líderes de la célula radical, Jamal Ahmidan y Serhane Ben Abdelmajid, llevaban años residiendo en España

La investigación estima que sólo 9 hombres colocaron las trece bombas en los trenes

Ninguno de los dos líderes del comando, Jamal Ahmidan y Serhane Ben Abdelmajid, parece estar en los trenes colocando los artefactos

La matanza de Madrid fue perpetrada con el mismo tipo de artefacto y teléfono móvil que la de Bali de octubre del 2002

La investigación no detecta restos biológicos de Jamal Zougam en los escenarios clave del 11-M

IGNACIO OROVIO - 11/03/2006
MADRID

Los atentados de Madrid se gestaron, idearon, organizaron y financiaron de principio a fin en Madrid. Íntegramente por hombres que llevaban años en España; algunos, como los dos líderes de la matanza, más de diez. El 11-M no recibió ninguna consigna de la cúpula de Al Qaeda ni de ninguno de los hombres que han escapado en los últimos años a la policía española.

Desde aquella mañana de hoy hace dos años, en que las fuerzas antiterroristas y la Audiencia Nacional iniciaron la mayor investigación criminal de su historia, han sido detenidas 116 personas, 26 de ellas están en prisión, se han abierto canales de investigación en ocho países y se han analizado más de 50.000 números de teléfono o llamadas, decenas de huellas, vehículos, ordenadores y servidores de internet: y no hay, hasta la fecha, ni un solo rastro de que Al Qaeda ordenase la matanza, según detallan fuentes de la lucha antiterrorista a partir de los últimos informes aportados al sumario del juez Juan del Olmo. Tampoco hay rastro alguno de ETA, más allá de la coincidencia de islamistas y etarras en alguna cárcel.

La matanza fue obra de un grupo local que inmediatamente se autodefinió como Al Qaeda. Los terroristas recibieron tras su acción diversos comunicados de adhesión de grupos radicales asentados en Arabia Saudí, algunos en verso, y la bendición de la cúpula de la red. Esta mecánica es la empleada por el islamismo radical desde el atentado de Bali (Indonesia) de octubre del 2002 y se sigue en los de Casablanca (mayo 2003), Madrid y Londres (julio 2005), pero es diametralmente distinta a la de las matanzas en Kenia y Tanzania (agosto 1998) y Estados Unidos (11 de septiembre del 2001), en que los comandos reciben la orden y hasta instrucciones, dinero y toda clase de ayuda para perpetrarlos; algo ha cambiado en tan pocos años: internet. Al español de origen sirio Mustafa Setmarian - detenido en Pakistán el 1 de noviembre del 2005 y hoy supuestamente en manos de EE.UU.- se le considera autor de una especie de manual de instrucciones, en que se aconseja a los radicales islámicos que se "autogestionen". Es decir, que creen sus propios grupos, se autofinancien, con el narcotráfico o la delincuencia común, organicen sus acciones (para las que pueden encontrar todas las instrucciones en internet) y que una vez perpetrada cualquier acción, Al Qaeda proporcionará la cobertura mediática, la firma. Además, Osama Bin Laden cita explícitamente a España como objetivo en una fatua en octubre del 2003: es una señal que la investigación considera definitiva.

La matanza de Madrid cumple escrupulosamente este protocolo, según fuentes de la investigación. En los dos ordenadores hallados en el domicilio de Jamal Ahmidan, alias el Chino, y en el que apareció en los escombros del piso de Leganés - en el que el 3 de abril se inmoló el comando al verse acorralado por la policía- han sido detectadas conexiones con páginas web del movimiento Global Islamic Media, en las que estuvo colgado un documento clave en la investigación. Se trata de un informe, atribuido a Abu Musab Al Zarqaui, líder de la resistencia iraquí, en el que se expone la estrategia que seguir para desgastar - moral y económicamente- a EE. UU. en su lucha. Una de las claves es lograr la retirada de tropas para obligar a los norteamericanos a continuar con su mastodóntico despliegue. Sea o no de manera coordinada entre Al Zarqaui y el comando del 11-M - no consta que el comando se descargase aquel texto, pero sí que visitó la web-, lo cierto es que ocho agentes del Centro Nacional de Inteligencia español fueron asesinados entre octubre y noviembre del 2003 en Iraq y que el comando del 11-M logró perpetrar la segunda mayor matanza terrorista en Europa.

Las pesquisas policiales también desvelan el influjo del atentado de Bali en el de Madrid. Aquél fue perpetrado con artefactos accionados con móviles Mitsubishi Trium T-110, el modelo que semanas antes compraron en una tienda de Alcorcón regentada por dos indios dos individuos que fueron descritos como "búlgaros". Éstos no han aparecido, pero se ha descubierto que los terroristas Abdennabi Kounjaa, alias Abdallah, y Asrih Rifaat usaron sus móviles en Alcorcón en las mismas fechas. Los presuntos búlgaros se llevaron diez modelos iguales. Sólo uno de ellos (cuyo esquema de funcionamiento fue extraido de internet) sobrevivió, en la mochila que no explotó y que fue clave. La tarjeta insertada en ese móvil había sido vendida por Jamal Zougam en Lavapiés. Éste fue el primer detenido tras la masacre, el 13-M. Su arresto, y el de otros dos marroquíes, personificó la sospecha popular de que el atentado no era obra de ETA, como se empeñaba en subrayar el entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, a 24 horas de las elecciones. Informes policiales incorporados al sumario detallan en qué escenarios aparecen restos de ADN, documentación o huellas de cada terrorista. Jamal Zougam no aparece, pero fue supuestamente reconocido por dos pasajeros en los trenes. Pero, al parecer, en vagones distintos. Zougam ha asegurado que a las 7 de la mañana del 11-M dormía.

La investigación establece los papeles más macabros del 11-M en base a los restos biológicos. Así, se sabe que Kounjaa, Rifaat, Mohamed Oulad, Daoud Ouhnane, Allekema Lamari, Mohamed Afalah y tres perfiles genéticos por ahora anónimos fueron quienes subieron las bombas a los trenes. Pero estos tres perfiles anónimos corresponden casi con seguridad a los huidos Said Berraj, Mohamed Belhadj y Daoud Ouhnane. El primero de ambos huye el 8 de marzo a Málaga, donde deja a su esposa, pero en esa fecha, dos de los miembros del comando están en la zona, y se cree que lo recogen para volver a Madrid.

Hasta ahora se sospechaba que había tantos terroristas como bombas, esto es, trece. La tesis hoy con más peso en la investigación es que fueron nueve. Este dato se basa en que sólo viajaron en dos coches y en que las bombas del tren que primero partió de Alcalá (que estalló en Atocha) se depositaron en las plataformas de acceso, junto a las puertas; se cree que cuatro terroristas las subieron a bordo y abandonaron el tren en busca de otras cuatro. Así, los nueve hombres habrían vuelto a los andenes, a esperar los convoyes siguientes, con sendos artefactos. Todos estos, a diferencia de los cuatro primeros, estaban bajo asientos o en lugares de más difícil acceso. Se sabe además que cuatro de los terroristas dejaron el tren en Vicálvaro, ya que ropas con restos biológicos suyos fueron halladas por la Guardia Civil. Sorprende de estos datos que los dos líderes del comando, Jamal Ahmidan y Serhane Ben Abdelmajid, no perpetraran materialmente la acción. Fuentes de la lucha antiterrorista señalan que El Chino, experimentado traficante de hachís, solía retirarse en los momentos finales y que Ben Abdelmajid - doctor en Económicas- se encargó de adoctrinar a la célula. En una conversación grabada en una investigación por drogas entre Abdelilah Ahmidan, hermano del Chino, y Otman El Gnaout, que trabaja como albañil en la casa de Chinchón en la que se montaron las bombas, el primero pregunta "¿cómo te va con los barbas?",y el segundo contesta algo que "a mí, con lo que me gustan las drogas, me están liando para que rece". La investigación otorga el liderazgo al Chino, básicamente porque tenía dinero (del hachís), por sus dotes de liderazgo y organización y por su radicalismo. El Chino, con diez años en España, esposa e hijo español, estuvo preso en Marruecos. La investigación desvela que al regresar a Madrid, en julio de 2003, contacta con Ben Abdelmajid, que lleva meses con la idea de atentar. Éste está poderosamente influido por su cuñado, Mustafa Maymuni, preso por los atentados de Casablanca y a su vez en la órbita de Malek el Andalusí; éste parece ser el líder de una reunión en la que, en febrero del 2003, se habla de atacar a España. Un año más tarde, los planes se consuman.